Voy a empezar a pensar que, realmente, me estoy haciendo
mayor. Toda mi vida he sido una desesperada impaciente y es cierto que en lo
últimos tiempos no sé dónde he dejado esa parte de mí, pero es que en este
último día me terminó de quedar claro. Veinte horas de aviones y aeropuertos
para llegar a Cotonou, la ciudad beninesa donde está el aeropuerto. Veinte
horas tarda uno en cruzar el trocito de charco que separa la islita del gran
continente y bajar unos kilómetros de occidente africano hasta encontrarse
aquí. Y yo era la serenidad con patas… Lo que hay que oír!
Siempre me han gustado las relaciones que surgen cuando uno
viaja. Te sientas al lado de alguien a quien no has visto en tu vida y
probablemente no vuelvas a ver más, encerrado en un avión estrecho y angosto y
ahí uno pone al día al otro de su vida en verso. Son pequeñas confesiones de
unas horas, en las que debates, intercambias, ríes o te revienta la cabeza! Mi
viaje de ayer lo marcaron Eneko, un bebé de un mes que parecía tener cinco y
que me encandiló con una boquita perfecta y un sueño arrebatador y Miguel, un
piloto que ayer era pilotado y que deseaba profundamente tener una hijita y
llamarla Nicoletta. En el tercer avión mis compañeros adorados fueron otros;
una mantita estupenda y un pequeño neceser que me volvió loca, con un antifaz y
unos calcetines calentitos. Qué duro es dormir un avión! Qué de cosas te clavas
por todos lados y no sabes ni de dónde han salido!
Ahora estoy sentada en mi mesa de escritorio. De madera.
Robusta e inmensa. Mi habitación es grande. Una cama con un colchón digno de un
faquir, pero extrañamente cómodo, una mosquitera colgando del techo con una
concha de playa en el centro, las paredes pintadas en verde claro y mis
pequeños y mi amor en la memoria. De fondo se oyen un centenar de pájaros, unas
motos y un bebé llorando. He de decir que siento absoluta debilidad por los
bebés africanos… parecen moldeados a mano, dibujados. Son tan perfectos. Tan
preciosos… Aquí todo es verde. Muy verde. Estamos en estación de lluvias, de
hecho hoy han caído dos trombas de esas que aquí se agradecen y en casa
hubiésemos maldecido todos. Y el grado de humedad es tan alto que en sólo medio
día ha hecho que el pelo de Mafalda junto al mío sea una melena lacia y fina…
Cómo me gusta el estilo afro impreso ya en el ambiente!! ;O)
No te asustes en ese viaje hacia ti misma...Gracias porque podamos vivir a través de ti esta experiencia. Un beso.
ResponderEliminarPrimer día de "cole"...todo en orden??? Lo llevas todo???... Ganas, ilusión, compromiso, energía, buen rollito.... Tu vas bien servida de todo ello.... Ahora empieza el momento de volcar todas esas cosas, de recibir y dar....y tras este mes serás una persona más sabía aún, más sensible, más vivida.... Mejor aún si cabe. Me encantaría haber visto tu cara en este primer día.... Por suerte la veré en breve.... No lo olvides amor !!!!
ResponderEliminarDisfruta de cada momento Ana!!! Nosotros te seguiremos desde aquí! Muchos besos para las 2!! ;)
ResponderEliminarAnita por fin consigo escribir en esta blog! que maravilla,que envidia me das,que experiencia tan gratificante.no se que me chifla mas si lo que cuentas o como lo cuentas......eres grande dortita!
ResponderEliminarAnitaaaa... que bueno saber ya tan prontito de ti... disfruta, disfruta y disfruta.. aprende, aprende y aprende... Mil besos guapasss
ResponderEliminarVivan las mujeres del siglo XXI!!!. Me alegro muchísimo por las dos... Aquí estaremos pendiente de vuestra entrega... Disfruten y cuidense mucho..Un besazo para ti y para Nieves
ResponderEliminarQue alegría saber de tí un beso muy fuerte, sé q nos tendrás muy bien informados, un besoooooooooooo
ResponderEliminarBesos a las dos y me reitero: GRACIAS POR COMPARTIR ESOS MOMENTOS CON NOSOTROS.
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