viernes, 20 de julio de 2012

Contigo aprendí...


Es de noche. Corre algo de fresco por las esquinas de los pasillos. Acabo de dejar en la entrada a un murciélago y a un pequeño perenquén que se jugaban a cara o cruz quién entraba esta noche en mi habitación a hacer la gracia… gané yo por suerte! Puerta cerrada y nadie más que tú y yo. Quienes me conocen bien saben que soy rutinaria para según que cosas… o quizás más que rutinas, tengo mis pequeñas manías… La luz apagada para dormir, el café y el piti después de comer, pringarme de crema de la frente a los pies tras una ducha, las uñas siempre cortas, escribir cada noche un ratito y valorar. Valorar el tiempo, el espacio, a las personas, los alimentos, los momentos… No quiero que nada pase desapercibido por mi vida. Me gusta ir raptando ratitos y metiéndolos en mi caja del tiempo imaginaria, esa que está ubicada justo en el huequito que se abre entre mi cabeza y mi corazón. Ahí guardo todo; todo lo que vale la pena guardar claro! Y de ahí me nutro de cuando en vez, como las hormigas que almacenan en verano para no pasar penas cuando necesiten abastecerse. Igual creo yo; tal que una hormiguita. Hoy, que ya cumplí mis otras manías de cremas, pitis y cafés me siento, cierro los ojos un poquito, cojo aire fuerte y valoro. Ya he pasado el ecuador de nuestro proyecto en Benín. Ya han pasado más de quince días. Por un lado miro atrás y pienso en lo rápido que pasa el tiempo; luego vuelvo a mirar así como de reojo y pienso que cómo puede ser que sólo hayan pasado quince días si a veces siento que llevo aquí meses! Hay una mezcla golosa hoy en mi caja. La obra del colegio va bastante bien, nos dará tiempo de dejar listas todas las ventanas y el jardín, además estamos conociendo bastante bien esta parte del sur del país y creo que estamos bien integrados en las costumbres, en el día a día y quizás eso no resulte tan fácil como parece, porque aquí el tiempo se mide diferente. No se corre. En absoluto! Hay unos lapsos de tiempo bestiales durante el día. Se para a mediodía, se cena pronto y se vuelve a parar antes de que haya caído del todo la noche. Para mí, que en mi día a día habitual necesitaría un mínimo de 35 horas para que me diese tiempo a todo, esto es muy extraño; la sensación de que te sobra tiempo todo el rato es rara. Pero prometo que hago el esfuerzo de acoplarme a ella sin quejas! Por otro lado las clases van muy bien, los chavales están a gusto, cada vez han ido viniendo más niños y los que vienen se van quedando… señal de que la cosa marcha.  Ese afán por observar y por interpretar las cosas lo llevo muy adentro creo que desde siempre, mi trabajo me proporciona la enorme satisfacción de trabajar con personas, de  verlas evolucionar durante unos pocos años, con mirar de cerca lo maravilloso que es que el ser humano supere sus propias dificultades, sus obstáculos y se hagan más grandes y mejores… y tú ahí, como espectador de primera fila, enriqueciéndote también de los aprendizajes de los demás.
Por supuesto aquí no he dejado de hacerlo ni un solo minuto. Y hay un caso en concreto que lleva días dándome vueltas en la cabeza. Se trata de Julie. Es una niña de unos nueve o diez años, aunque ella me dice en su media lengua francesa (habla más fon que francés, señal de que su alfabetización es más bien escasa) que tiene siete… pero yo creo que es porque el siete es el número que más le gusta pronunciar. Recuerdo a Julie los primeros días de clase. Era un torbellino. Un animalito desbocado (sin ningún ánimo de ofender al calificarla así) pero es cierto, entraba como un remolino, descalza, corriendo, se comunicaba a base de grititos y cuando quería que le hicieras caso te daba muy fuerte en las manos. Entraba y salía del colegio sin parar, entraba de nuevo a la clase y salía con las mismas, corría por el patio y entraba de nuevo. Estaba buscando su sitio. Me da la impresión de que le superaba todo aquello tan nuevo y con tanto movimiento. Recuerdo un día que, incluso, se entusiasmó tanto porque quería que le diese no recuerdo qué cosa que me mordió en un muslo! Y sí, mis muslos son contundentes, pero dolió eh!!  Cada vez que Julie gritaba yo la miraba a los ojos y le hablaba tres tonos por debajo. 
Cada vez que me azotaba las manos para que la mirase se la agarraba con determinación, le miraba a la carita y le decía “Ana”; cada vez que Julie le daba un empujón a un niño o le quitaba algo de manera brusca o venía corriendo como una bala desde cualquier rincón le decía “doucement” (que quiere decir despacito) Sabéis quién pasó toda la mañana de ayer “ayudándonos” a pintar marcos de ventanas? Julie. Sabéis quién no grita ya nunca? Julie. Sabéis quién nos llama por nuestro nombre cuando necesita que la miremos? Julie. Sabéis qué hace Julie ahora que no muerde? Nos da un beso cuando llega y otro cuando se va. A veces hace ademán de enfoguetarse otra vez y la miro desde lejos y le digo "Julie..." y ella sonriendo me contesta "doucemente" Ah! Y ya no viene descalza! Eso sí, en cuanto puede lanza las cholillas por cualquier rincón pero eso lo hacen todos! Ayer cuando me pidió el pincel y se lo di puso una cara de… no sé, una mezcla de paz, de tranquilidad y ella allí tan chiquitita, tan seria, tan concentrada, me miraba y me preguntaba con gestos si lo estaba haciendo bien, si quería que pintase por aquí o por allí… Qué sé yo! Son de esas cosas que las vives y te dan ganas de morder a bocados esa sensación, la de la superación de un individuo, la de que esté en paz consigo mismo… Joder! Es que la vida está llena de momentos tan maravillosos!!! (lo siento por el taco, pero no lo pienso borrar porque me salió del alma) Quince días han sido suficientes para que la pequeña Julie gane en seguridad, en tranquilidad, en paz…
Quince días. Inevitablemente me acuerdo de mis hijas cada minuto del día. 
Las veo reflejadas en tantas de estas pequeñas caritas de color caoba… Mido reacciones de estos niños con reacciones de ellas, mido sonrisas porque les hacen gracia las mismas cosas, mido abrazos aunque ahí por supuesto mis dos tesoros ganan por goleada!
Es curioso. Mi vida aquí tiene poco, poquísimo, que ver con mi día a día en casa. La ropa que me pongo, las cosas que hago, las personas con las que estoy, los lugares donde paso las horas… Absolutamente nada que ver. Pues no echo de menos casi nada… ni siquiera mis tacones! Ahora hay algo que más que echar de menos hace que a veces me paralice un poquito y me “haga la loca” y busque muy rápido algo que hacer (por cuestión de supervivencia claro!) Mi gente.
Me considero afortunada porque siempre he tenido la vida que quería tener. Desde que era muy muy jovencita. Esa vida ha cambiado, ha tenido etapas diferentes, todas enriquecedoras, todas han tenido más de bueno que de regular. Todas me han hecho crecer y convertirme en lo que soy. Y soy lo que quiero ser. Me gusta mi vida. Si tuviera que elegir elegiría una y mil veces volver a ser Ana Dorta, con todos sus matices. Pero en los últimos tiempos vivo quizás la época más deliciosa de todas. Tengo dos preciosas hijas con una pequeña cabecita muy bien amueblada y con un gran corazón pintado de los colores más alegres. Ellas sacan cada día lo mejor de mí; la fuerza, la alegría, la superación, el bienhacer… Encontré en mi camino al compañero perfecto, ese que siempre piensas que no existe hasta que la vida te lo pone justo en medio de tu camino sin saber cómo llegó hasta allí. Mi amigo, mi compañero, mi colega, mi amor… mi complemento perfecto. Junto a él estaba mi otro niño. Mi pequeño gran hombre, la personificación de la bondad, de la nobleza y de la ternura maceradas en un cuerpo adolescente que rezuma amor por todos lados. Son mis chicos, mi tropa, la parte perfecta de mi vida. La felicidad entera repartida en cuatro cuerpos que pululan por la casa todo el día, cada uno a sus tareas, que me encierran en un círculo perfecto cada noche cuando nos sentamos a la mesa y me engañan para estirar las sobremesas llenas de risas y de locuras… y yo me hago la tonta y me dejo engañar. Los que hacen que dé gracias al mundo porque existan cuando por las noches de primavera nos desparramamos en las tumbonas del jardín todos apretujados, unos encima de otros y miramos las estrellas, y escuchamos a Pink Floyd o a Queen y nos abrazamos hasta que los mando a la cama y les fastidio el plan!
Ellos son los únicos que me hacen volver a la consciencia de que hay otro mundo más allá de este ahora mismo. A ellos los extraño cada día cuando abro los ojos y no encuentro sus caras sobaditas dando los buenos días, cada noche cuando me faltan sus besitos antes de acostarse. Y sí, sé que están ahí. Claro que lo están. Y sé además que de esta experiencia ganaremos todos, será un premio para el clan entero. Pero son ya muchos días sin olerlos, sin que  vengan mis princesas y se enganchen a mi cintura en uno de esos abrazos en los que me inundo del olor a bebé de su pelito limpio, sin las conversaciones de cocina mientras preparo la cena y Carlos se encarama a su esquinita de la encimera y me cuenta sus batallas. Sin la copita de vino con mi vida cuando los enanos duermen y nos sentamos en los escalones de la terraza abrazaditos mientras el mundo se para durante dos minutos.
No, no estoy triste. En absoluto. Cómo va a estar triste alguien que tiene tanto!!!??? Pero los extraño. Y hoy, simplemente, me apetecía recordarlos en voz alta. Porque son mi motor. Mi energía. La parte más limpia, verdadera y preciosa de mi vida.
Me repito mucho pero gracias, gracias, gracias a quien quiera que sea donde quiera que esté. Por ponerme aquí en Akassato y dejarme embadurnar de tanta cosa buena; por haberme dado la inmensa fortuna de mi gran familia; por haberme hecho amiga de mis amigos y hermana de mis hermanos (mis amigos y mis hermanos, la otra gran parte fundamental de mi vida) Por enseñarme cada día la superación en Julie y en tantos otros Julies que tengo el gusto de encontrarme día tras día. Y, sobre todo, por tener la capacidad de amar y de valorar mi vida exactamente tal y como la amo y la valoro. Muchísimo!
Feliz fin de semana. Disfrutad de todo lo vuestro. Y hasta de lo mío si queréis! Hay pa todos!!! Gracias por estar.

7 comentarios:

  1. muy emocionada¡¡¡ eres grandeee¡¡¡ te kieroo

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  2. Simplemente: CHAPEAU DORTA!!!!!
    Un abrazo muy fuerte!

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  3. Si dijera " me sorprendes Dorta" mentiría....esta vez no estoy sorprendido.... Simplemente me has dejado sin palabras ( y sabes que eso es bien difícil).... Lo has dicho todo y sólo me queda rubricar una por una cada una de tus palabras... Ana, que suerte que estés aquí....

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  4. Diossssssssssssss,pero que pedazo de mujer con tan noble corazón. Gracias a ti Ana por permitir dejarnos formar parte de tu vida, gracias por compartir tantos pensamientos llenos de ternura, amor y realidad. Yo a tu lado me siento un poco Julie, porque a mi, en muchas ocasiones, también me has hecho ver las cosas de otra manera. Y voy a por un pañuelo pa los mocos....TQ

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  5. No soy de dejar huellas internautas pero haré una excepción gracias por compartir tus momentos ...todos
    Bs.

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  6. Eres la mejor, cielo. Me has dejado sin palabras. Yo también voy a limpiarme los mocos...Besos. TKM

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