domingo, 29 de julio de 2012

Sentada en la escalera...

Ayer me levanté más tarde de lo habitual, me di una ducha, preparé el desayuno para la casa y me colgué el bolso y la cámara. Teníamos previsto un paseo, nada complicado según me habían dicho. Un lugar muy cerca de aquí. Agradecí la no paliza de coche y poco más. Ayer me levanté bastante “plana” No en vano los días van haciendo mella, el cansancio y la fatiga físicos se unen al mental y parece que una no esté tan receptiva en determinados momentos. Vamos a dar un paseo en barca, me dijeron. Bien, algo tranquilo. Me apetecía un sábado relajado, sin hacer trabajar demasiado a mi mente, que viene la pobre ya un poquito fatigada del atiborre de sensaciones y de vivencias durante casi un mes. Un mes intenso. Muy intenso. En distintos aspectos. Para bien y para no tan bien. Así pues, un paseo en barca tranquilo. Perfecto. Pintaba bien. Llegamos a un rinconcito del barrio, muy cerca de aquí que daba a un lago. El lago Nokoué. Al llegar lo primero que vi fue una pequeña becerra negra… qué cosas tiene este continente! Y un movimiento brutal de gente. Como siempre ocurre aquí. En cada rincón hay un pequeño mercado. En este caso era un mercado de pescado. Sí, vale, hasta ahí ninguna sorpresa; un mercado de pescado junto a un gran lago. Y ahora qué?Alquilamos una barca grande que un señor maduro y grandote nos ofreció por un precio un poco más asequible del que rezaba en los carteles junto a una especie de taquilla. Él nos llevaba en su barca propia. Eso no es ilegal, se puede hacer, y además el hombre se lleva el dinerillo para su familia y no para una empresa.
A la derecha del embarcadero un puñado de obreros (muchos de ellos niños y adolescentes) construían a base de palazos de arena una especie de lengua de tierra que se adentrase en el lago unos 200 metros para que los turistas pudiesen pasear. Subimos a la barcaza y me tocó por azar en el primer banco. Empezamos a movernos. La barca iba a motor y enseguida empezamos a cruzarnos con decenas de barcas, algunas a remo, otras a vela; la mayoría llevadas por mujeres, algunas por niños y muy pocas por hombres. Las mujeres se tapaban la cara con las manos al ver la cámara o, directamente, miraban para otro lado mientras seguían remando. Y, sí, por supuesto que es parte de su intimidad, de que están hartas de que vengan “yobos” como yo con sus cámaras al cuello a retratar un momento especial de sus vacaciones o de lo que sea. A ellas no les importa lo más mínimo qué hacemos mi cámara y yo allí. Ellas están trabajando. Igual tuvieron una mala noche, o un mal día, o les duele la cabeza o, sencillamente, les toca un pie que una tía a la que no conocen de nada tenga el descaro de enfocarlas sin pudor desde la barca contraria… Lo sé. Me reprimo todo lo que puedo y más, de hecho saco la cámara la mayoría de las veces con muchísima prudencia, casi siempre pido permiso para fotografiar a las personas. Pero reconozco que hay veces en que los dedos me van solos. Son actos reflejos. Hay tanta vida y tanta belleza en tantas cosas que veo a diario que, egoístamente, quiero retenerlo y quedármelo para siempre. Sí he de decir que cuando alguien se ha molestado al ver mi cámara no le he hecho la foto jamás y si ya era demasiado tarde y la había tomado esa foto se borra en ese mismo instante. Bien, pues después de unos diez minutos lago adentro, curioseando un paisaje grisáceo y lleno de redes, de pandorgas y de nasas y habiendo dejado atrás ya la primera estocada cuando el guía me explicó que esos techos medio derruidos construidos sobre cuatro troncos clavados en el fondo del lago eran los palafitos donde los pescadores hacían noche cuando se levantaban muy temprano esperando para pillar el mejor sitio donde trabajar al amanecer… 
Justo entonces aparece ante nosotros el pueblo de Ganvié. 
Un poblado construido sobre el lago, según escuché, en un tiempo en el que se huía de la esclavitud poniendo el agua como barrera y que a día de hoy es un pueblo, fundamentalmente, pesquero. Las primeras casas que se ven son de chapa, como naves de techos a dos aguas con las paredes de uralita y de unos 20 metros cuadrados como mucho. Parecen robustas. Se erigen sobre camas de troncos gruesos clavados en el fondo que está a unos dos metros de la superficie. La primera parada que hacemos es en una especia de galería donde dos artistas venden sus cuadros y camisetas pintadas a mano. En las escaleras de acceso se quedan tres niños que vienen corriendo cuando nos ven aparecer y que nos piden en fon que les demos “un regalo” (dinero, obviamente) Hasta ese momento el sitio me resultaba curioso, algo diferente a lo que había visto hasta ahora. 

Y entonces ocurrió. La barca tuerce a la derecha y envara una “calle” recta donde las casas ya no son de uralita, algunas ni siquiera tienen techo o están a punto de perderlo. De repente la vista se nubla por la cantidad de información que percibe. Amasijos de chozas sobre el agua, sobre palos gruesos, algunos venciendo de una manera irracional a la ley de la gravedad más grave, tanto que parece que se van a ir al agua a la menor ráfaga de viento. De repente no sabes dónde empieza una y acaba otra. De repente sólo ves trozos de telas de colores apagados y raídos a modo de puertas mezclados con manojos de algo parecido a paja seca de color gris. Niños en las puertas medio desnudillos, señoras sentadas cogiendo aire o hablando con las vecinas, la cabeza de alguien (no sé si hombre o mujer) llena de jabón que curiosea por encima de una especie de biombo hecho de cañas. 
Me explica el dueño de la barca que eso son los baños. Mi boca se abre sin poder remediarlo.  Sólo algunas casas tienen baño y lo construyen por fuera, pegado a la entrada, son cuatro paredes hechas de caña y telas y en el centro del suelo dejan un hueco que sirve de letrina directa al lago. Por ese mismo agujero introducen un cubo con una cuerda y suben agua para poder asearse. Las viviendas no tienen agua potable. Sólo un par de vecinos cuentan con depósitos grandes de agua potable (que no conseguí saber si la traían de algún sitio o la potabilizaban allí) y venden a los demás agua a
 granel para consumo. Debo reconocer que la imagen de ese baño me dejó un poco en stand by… Mi cabeza empezó a analizar un millón de cosas. Y llegamos al centro del pueblo. Mercado flotante. Cuánta belleza junta en unos pocos metros. Aquí los puestos eran las propias barcas. Cada una vendía algo diferente. Madera, alimentos, telas… Cada una anclada con el género bien colocado, amontonadas todas en el centro del pueblo, sobre el agua, a modo de improvisada plaza sin suelo. Y chozas, cientos de chocas alrededor. Llenas de gente, de familias enteras sentadas por fuera y de barcas. Cada casa tiene al menos tres. Una la usa el padre de familia para ir a pescar y para transportar turistas, otra es para las señoras, para que vayan al mercado que hay en tierra a vender el pescado que traen los maridos a casa y la otra es para los niños, para que vayan a la escuela, o a vender al mercado. El pueblo tiene escuela y clínica de maternidad. Tiene una iglesia y un pequeño hotel flotante.
La barca paró justo a la entrada del hotel porque había una tienda de artesanía, preciosa por cierto, y yo aproveché después de echar un ojo rápido a la tienda y me senté en las escaleras que daban al agua. A observar. Necesitaba masticar todo aquello. Justo frente a mí hacían cola algunas barcas que esperaban para comprar agua… Aquello no era una atracción turística. Era el día a día de un montón de familias. Y mi cabeza se debatía entre la sensación de angustia, la de admiración, la de abandono, la de superación, la de tristeza incluso, la de admiración.
Nunca había visto tan de cerca una rutina tan absoluta y radicalmente distinta a la que conocía hasta ahora. Y pensé en cómo el ser humano se adapta a lo que tiene alrededor y, además, es feliz con ello. O no. No lo sé. Siempre he dicho que la discriminación positiva me parece tanto o más peligrosa que la negativa. No me veo (ni deseo verme, la verdad) con la capacidad para poder determinar si esa forma de vida que tenía ante mí era mejor, peor, regular, más justa, más injusta… Era la que era, la que había, la que existía, la que estaba teniendo lugar justo ahí enfrente, justo en ese momento. Y entonces admiré que existiesen tantas formas de vida, tan dignas y tan distintas en este mundo. Que las familias nacen, crecen, se reproducen y mueren en el entorno en el que les haya tocado o la vida les haya llevado. Que todo puede ocurrir. Que todo sale para delante. Que basta con querer ser feliz para que puedas serlo da igual dónde. Que quizás nosotros tenemos la facilidad y la fortuna de no tener que cargar cubos de agua para poder beber o cocinar, que todos tenemos un baño más o menos grande o cómodo, que nuestros hijos no tienen que aprender a llevar los remos de un barca antes casi de aprender a andar porque podemos llevarles nosotros a donde precisen sin problema. Pensé en el miedo que tiene que dar que el río suba entre los meses de septiembre a noviembre y que estos vecinos de Ganvié tengan todos un sobresuelo preparado para elevar su vida cotidiana en esos meses y nos ser presas del agua. Pensé también en esas noches frías y húmedas durmiendo en los suelos de cañas y en que nadie se quejará del lumbago, porque debe ser algo más bien común por estos lares. Pensé entonces en mi cama rica y en cómo me quejo cuando en invierno le pido a Jose que se acueste un poquito antes que yo para que esté calentita porque no soporto el frío en las sábanas… No soporto el frío en las sábanas… Las sábanas preciosas de una cama grande y confortable de una habitación también preciosa que está en una casa enorme y cálida donde la única humedad que me “amenaza” es la de la piscina o la del césped recién regado… Mi cabeza empezó a volar. Y a comparar. Pero no en el mal sentido. No en un sentido peyorativo hacia mí misma. Simplemente creo que, ayer, por primera vez en mi vida, fui realmente consciente de lo diferentes que somos. De lo diferente que es la vida a uno u otro lado del mundo. De lo extremo que puede resultar algo que, como nunca había visto, no me había parado a analizar. Admiro profundamente la capacidad de adaptación del ser humano. Admiro profundamente también al ser humano que valora lo que tiene.
Soy de la opinión de que no hay que pedir perdón al mundo por vivir como uno vive, por preferir unas comodidades a otras. Siempre y cuando sea de una forma limpia y honesta, sin pisar la cabeza de nadie para conseguirlo, tenemos todo el derecho a querer obtener aquello por lo que luchamos. Unos prefieren la vida individual, otros la pareja, otros las familias grandes; unos prefieren vivir de alquiler, otros tener propiedades, otros no atarse a nada y “nomadear” por el mundo; algunos hacen de su prioridad sus carreras, otros prefieren un trabajo sencillo y sin complicaciones, algunos otros prefieren no atarse a un contrato y buscar la forma de vivir cada día; algunos más necesitan últimas tecnologías, últimos modelos y últimos destinos para que su vida sea más confortable, otros prefieren cambiar de zapatos cuando se han roto los anteriores y algunos otros entregar su vida su salario y su trabajo diario a causas que estén en desventaja… Hay tantas opciones personales como personas que eligen sus opciones.
Y yo he necesitado venir hasta aquí. Pasar un mes de mi vida en este pequeño país, subirme a una barca de madera y sentarme a las escaleras de un hotel de colores, encender un piti y mirar fijo mientras soltaba el humo delante de mi cara. He necesitado que todo eso se dé en cadena para ser más consciente que nunca de la diversidad. De la fortuna personal. De que no quiero cambiar ni un ápice mi vida. De que los valores que tengo y comparto con mi compañero de viaje, sobre los que educamos a nuestros hijos, esos mismos que son parte de nosotros, son unos valores fuertes, precisos y preciosos. Y una vez más me repito dando gracias a quien sea donde sea que esté por haberme puesto aquí, por haberme llevado hasta esa escalera ayer por la mañana, por hacer que mi cabeza frene de vez en cuando y mire alrededor para luego mirar dentro. Y sonreír porque es bello. Lo que veo fuera. Y lo que veo dentro. 

miércoles, 25 de julio de 2012

Dreams...

Soñando... Pasamos la mitad de nuestra vida soñando. Cuando no es dormidos es despiertos. Los primeros casi nunca los recordamos pero los segundos... ay los segundos! Qué gustito da cuando de repente dejas de hacer lo que sea en ese momento, cruzas las manos una sobre otra, levantas los ojos al cielo en un acto de evasión y vuelas... Durante un ratito tu mente va más allá de tu cuerpo y del lugar donde estás y se va a donde quiera, a donde desea y con quien desea. Y al final, como broche, un pequeño suspiro, casi imperceptible, que firma y sella en ese momento tus deseos. Me gustan lo sueños compartidos, me gusta el entusiasmo con el que la gente cuenta las cosas que tiene en mente y que algún día quiere llevar a cabo. Pero me gustan también los sueños de a uno. Esos que casi nunca compartes con nadie más, esos que vas modelando, haciendo crecer dentro de ti y llenándolos de detalles, de matices. Qué sería de nosotros si no pudiésemos soñar? Y que sería de nosotros si no tuviésemos el arrojo para llevarlo adelante, para coger impulso y empezar a dar forma a lo que uno desea? Pocas satisfacciones hay como la de ver cumplido un sueño. Cuando de repente un día caes en la cuenta de que lo hiciste tu cara se ilumina, los ojos se abren más, la boca se aprieta entre un labio y otro como si los fueras a morder e, inevitablemente, tu cabeza hace un gesto de asentimiento y algo te susurra por dentro "lo conseguiste!" y ese pequeño momento íntimo de satisfacción uffff, todo aquel que lo haya vivido sabe que me quedo corta a la hora de explicarlo con palabras!
Cuando era chica soñaba que quería ser maestra. Y que iba a tener una familia grande y divertida. Soñaba con una casa llena de gente que entraba y salía. Cuando era adolescente, a todos los anteriores uní el sueño de escribir sensaciones, de tener la valentía de sentarme frente a mí misma y poner en forma de letras todo aquello que corría de un lado a otro de mi cabeza y de mi alma. Soñaba también con conocer el mundo. Con poder vivir y sentir a distintas personas en distintos sitios. Y ahora en la madurez, cuando prácticamente todos los sueños de antaño se han ido cumpliendo uno a uno y los saboreo sin pudor una y otra vez, ahora sueño con seguir soñando, con no perder nunca los pies en el aire a pesar e ello, conque mis niños cumplan sus sueños también y con fabricar unos nuevos junto a mi compañero de viaje. Sueño conque mis amigos sigan siempre estando ahí, conque nunca deje de amar mi trabajo, con seguir sentándome a la mesa, cada vez más grande, de mis hermanos y mis sobrinos. Pero sobre todo y por encima de todo sueño con no dejar nunca jamás de ser yo misma. Tengo una imagen muy gráfica al respecto. Una vez, hace ya unos años, una amiga me preguntó que cómo me veía de viejita y lo tuve claro "con mis tacones y mis bembas pintadas, enjaretada en algún vestido estrecho,  por la avenida de Anaga camino de alguna terracita donde echarme el gintonic con mis amigas (mientras espero que el Mederos baje de alguna montaña!) " 
Madre mía cómo me enralo! Realmente yo a lo que iba era a contarles que el otro día, en la clase de teatro y lectura, Almu y yo les pedimos a los chicos que nos contasen un sueño. Antes de que los lean (porque sé que no les va a dejar indiferentes) quiero que sepan que no han sido elegidos al azar ni nada por el estilo, fue un ejercicio que sólo entregaron unos pocos y aquí les hago la transcripción exacta, sin interpretaciones ni traducciones alternativas. He aquí los resultados...
  
"Sueño con ser azafata de vuelo, quiere decir, servir en los aviones; aunque cuando era pequeñita soñaba con decorar todas las cosas: las mesas, las sillas, etc..." -Olivia (12 años)-
"Mi único sueño es convertirme en un famoso rapero del Benín, como "Blaaz" -Abel (12 años)-
"Un día soñé que un montón de espantapájaros vinieron a comerse los mangos. Yo intenté coger los mangos pero cada vez que cogía uno me lo quitaba un espantapájaro. Entonces decidí atraparlos a todos cuando me rodearon, cogí una moto y me fui muy muy lejos. Los espantapájaros me siguieron y el sueño se acabó!" -Natan (11 años)-
"Mi gran sueño es hacerme enfermera por la gracia de Dios" -Florida (12años)-
"Sueño con viajar a América y terminar allí mis estudios para obtener un gran cargo en mi país, salvar vidas humanas y convertirme en una gran persona en el campo de la medicina" -Lydie (12 años)-
"Quiero ser matrona, porque adoro ver a las matronas traer al mundo los niños de otras mujeres. Sueño que yo misma pueda construir un hospital donde poder traer a los niños al mundo" -Lauriane (13 años)-
"Sueño con convertirme en una gran economista para poder velar por la economía de mi país" -Audrey (13 años)-
"Busco desde hace tiempo ver eso que llaman Francia y todos sus detalles. Mi sueño es viajar un día a Francia." -Onnella (13 años)-
"Sueño con convertirme en contable des Estado -funcionaria- y construirme una casa con mi propio dinero" -Mirada (13 años)-
"Sueño conque mi familia viaje a Francia para poder ser ricos allí" -Grâce (12 años)-
"Quiero ser militar porque adoro a los militares!" -Dionis (12 años)-
"Sueño con pasar mi examen de Bachillerato y que mis padres me regalen una bicicleta bonita. Sueño también con llegar al tercer año de catecismo y que pueda honrar a Cristo como lo han hecho mis antepasados" -Béatrice (13 años)-
"Sueño con terminar mis estudios y convertirme en secretaria. Sueño con viajar a España y Francia para estudiar secretariado" -Cyriane (12 años)-
"Quisiera convertirme en piloto de avión porque me encantaría hacer que la gente volase por el cielo" -Dilivio (12 años)-
"Sueño con convertirme en abogado defensor de los derechos del hombre, trabajar en Estados Unidos y convertirme en una estrella!" -Vianney (13 años)-


Bueno, qué? Cómo se les ha quedado el cuerpo? Creen que exagero cuando digo que estos niños están hechos de una pasta especial? Sólo tienen 12 ó 13 años y en clase sólo se les dijo que nos contasen un sueño que tuviesen. Alguno ha sido más literal y nos ha contado su problema con los mangos y los espantapájaros pero y los otros? matronas, abogados, pilotos... 
En fin, poco más me queda que añadir a esto. Cada vez que lo leo no puedo reprimir una sonrisa cargada de ternura y un deseo profundo de que, así como me ha ocurrido a mí, ellos también puedan cumplir absolutamente todos sus sueños.
Y tú? Has sido capaz de cumplir tus sueños??? Te deseo los mejores. De corazón! 

viernes, 20 de julio de 2012

Contigo aprendí...


Es de noche. Corre algo de fresco por las esquinas de los pasillos. Acabo de dejar en la entrada a un murciélago y a un pequeño perenquén que se jugaban a cara o cruz quién entraba esta noche en mi habitación a hacer la gracia… gané yo por suerte! Puerta cerrada y nadie más que tú y yo. Quienes me conocen bien saben que soy rutinaria para según que cosas… o quizás más que rutinas, tengo mis pequeñas manías… La luz apagada para dormir, el café y el piti después de comer, pringarme de crema de la frente a los pies tras una ducha, las uñas siempre cortas, escribir cada noche un ratito y valorar. Valorar el tiempo, el espacio, a las personas, los alimentos, los momentos… No quiero que nada pase desapercibido por mi vida. Me gusta ir raptando ratitos y metiéndolos en mi caja del tiempo imaginaria, esa que está ubicada justo en el huequito que se abre entre mi cabeza y mi corazón. Ahí guardo todo; todo lo que vale la pena guardar claro! Y de ahí me nutro de cuando en vez, como las hormigas que almacenan en verano para no pasar penas cuando necesiten abastecerse. Igual creo yo; tal que una hormiguita. Hoy, que ya cumplí mis otras manías de cremas, pitis y cafés me siento, cierro los ojos un poquito, cojo aire fuerte y valoro. Ya he pasado el ecuador de nuestro proyecto en Benín. Ya han pasado más de quince días. Por un lado miro atrás y pienso en lo rápido que pasa el tiempo; luego vuelvo a mirar así como de reojo y pienso que cómo puede ser que sólo hayan pasado quince días si a veces siento que llevo aquí meses! Hay una mezcla golosa hoy en mi caja. La obra del colegio va bastante bien, nos dará tiempo de dejar listas todas las ventanas y el jardín, además estamos conociendo bastante bien esta parte del sur del país y creo que estamos bien integrados en las costumbres, en el día a día y quizás eso no resulte tan fácil como parece, porque aquí el tiempo se mide diferente. No se corre. En absoluto! Hay unos lapsos de tiempo bestiales durante el día. Se para a mediodía, se cena pronto y se vuelve a parar antes de que haya caído del todo la noche. Para mí, que en mi día a día habitual necesitaría un mínimo de 35 horas para que me diese tiempo a todo, esto es muy extraño; la sensación de que te sobra tiempo todo el rato es rara. Pero prometo que hago el esfuerzo de acoplarme a ella sin quejas! Por otro lado las clases van muy bien, los chavales están a gusto, cada vez han ido viniendo más niños y los que vienen se van quedando… señal de que la cosa marcha.  Ese afán por observar y por interpretar las cosas lo llevo muy adentro creo que desde siempre, mi trabajo me proporciona la enorme satisfacción de trabajar con personas, de  verlas evolucionar durante unos pocos años, con mirar de cerca lo maravilloso que es que el ser humano supere sus propias dificultades, sus obstáculos y se hagan más grandes y mejores… y tú ahí, como espectador de primera fila, enriqueciéndote también de los aprendizajes de los demás.
Por supuesto aquí no he dejado de hacerlo ni un solo minuto. Y hay un caso en concreto que lleva días dándome vueltas en la cabeza. Se trata de Julie. Es una niña de unos nueve o diez años, aunque ella me dice en su media lengua francesa (habla más fon que francés, señal de que su alfabetización es más bien escasa) que tiene siete… pero yo creo que es porque el siete es el número que más le gusta pronunciar. Recuerdo a Julie los primeros días de clase. Era un torbellino. Un animalito desbocado (sin ningún ánimo de ofender al calificarla así) pero es cierto, entraba como un remolino, descalza, corriendo, se comunicaba a base de grititos y cuando quería que le hicieras caso te daba muy fuerte en las manos. Entraba y salía del colegio sin parar, entraba de nuevo a la clase y salía con las mismas, corría por el patio y entraba de nuevo. Estaba buscando su sitio. Me da la impresión de que le superaba todo aquello tan nuevo y con tanto movimiento. Recuerdo un día que, incluso, se entusiasmó tanto porque quería que le diese no recuerdo qué cosa que me mordió en un muslo! Y sí, mis muslos son contundentes, pero dolió eh!!  Cada vez que Julie gritaba yo la miraba a los ojos y le hablaba tres tonos por debajo. 
Cada vez que me azotaba las manos para que la mirase se la agarraba con determinación, le miraba a la carita y le decía “Ana”; cada vez que Julie le daba un empujón a un niño o le quitaba algo de manera brusca o venía corriendo como una bala desde cualquier rincón le decía “doucement” (que quiere decir despacito) Sabéis quién pasó toda la mañana de ayer “ayudándonos” a pintar marcos de ventanas? Julie. Sabéis quién no grita ya nunca? Julie. Sabéis quién nos llama por nuestro nombre cuando necesita que la miremos? Julie. Sabéis qué hace Julie ahora que no muerde? Nos da un beso cuando llega y otro cuando se va. A veces hace ademán de enfoguetarse otra vez y la miro desde lejos y le digo "Julie..." y ella sonriendo me contesta "doucemente" Ah! Y ya no viene descalza! Eso sí, en cuanto puede lanza las cholillas por cualquier rincón pero eso lo hacen todos! Ayer cuando me pidió el pincel y se lo di puso una cara de… no sé, una mezcla de paz, de tranquilidad y ella allí tan chiquitita, tan seria, tan concentrada, me miraba y me preguntaba con gestos si lo estaba haciendo bien, si quería que pintase por aquí o por allí… Qué sé yo! Son de esas cosas que las vives y te dan ganas de morder a bocados esa sensación, la de la superación de un individuo, la de que esté en paz consigo mismo… Joder! Es que la vida está llena de momentos tan maravillosos!!! (lo siento por el taco, pero no lo pienso borrar porque me salió del alma) Quince días han sido suficientes para que la pequeña Julie gane en seguridad, en tranquilidad, en paz…
Quince días. Inevitablemente me acuerdo de mis hijas cada minuto del día. 
Las veo reflejadas en tantas de estas pequeñas caritas de color caoba… Mido reacciones de estos niños con reacciones de ellas, mido sonrisas porque les hacen gracia las mismas cosas, mido abrazos aunque ahí por supuesto mis dos tesoros ganan por goleada!
Es curioso. Mi vida aquí tiene poco, poquísimo, que ver con mi día a día en casa. La ropa que me pongo, las cosas que hago, las personas con las que estoy, los lugares donde paso las horas… Absolutamente nada que ver. Pues no echo de menos casi nada… ni siquiera mis tacones! Ahora hay algo que más que echar de menos hace que a veces me paralice un poquito y me “haga la loca” y busque muy rápido algo que hacer (por cuestión de supervivencia claro!) Mi gente.
Me considero afortunada porque siempre he tenido la vida que quería tener. Desde que era muy muy jovencita. Esa vida ha cambiado, ha tenido etapas diferentes, todas enriquecedoras, todas han tenido más de bueno que de regular. Todas me han hecho crecer y convertirme en lo que soy. Y soy lo que quiero ser. Me gusta mi vida. Si tuviera que elegir elegiría una y mil veces volver a ser Ana Dorta, con todos sus matices. Pero en los últimos tiempos vivo quizás la época más deliciosa de todas. Tengo dos preciosas hijas con una pequeña cabecita muy bien amueblada y con un gran corazón pintado de los colores más alegres. Ellas sacan cada día lo mejor de mí; la fuerza, la alegría, la superación, el bienhacer… Encontré en mi camino al compañero perfecto, ese que siempre piensas que no existe hasta que la vida te lo pone justo en medio de tu camino sin saber cómo llegó hasta allí. Mi amigo, mi compañero, mi colega, mi amor… mi complemento perfecto. Junto a él estaba mi otro niño. Mi pequeño gran hombre, la personificación de la bondad, de la nobleza y de la ternura maceradas en un cuerpo adolescente que rezuma amor por todos lados. Son mis chicos, mi tropa, la parte perfecta de mi vida. La felicidad entera repartida en cuatro cuerpos que pululan por la casa todo el día, cada uno a sus tareas, que me encierran en un círculo perfecto cada noche cuando nos sentamos a la mesa y me engañan para estirar las sobremesas llenas de risas y de locuras… y yo me hago la tonta y me dejo engañar. Los que hacen que dé gracias al mundo porque existan cuando por las noches de primavera nos desparramamos en las tumbonas del jardín todos apretujados, unos encima de otros y miramos las estrellas, y escuchamos a Pink Floyd o a Queen y nos abrazamos hasta que los mando a la cama y les fastidio el plan!
Ellos son los únicos que me hacen volver a la consciencia de que hay otro mundo más allá de este ahora mismo. A ellos los extraño cada día cuando abro los ojos y no encuentro sus caras sobaditas dando los buenos días, cada noche cuando me faltan sus besitos antes de acostarse. Y sí, sé que están ahí. Claro que lo están. Y sé además que de esta experiencia ganaremos todos, será un premio para el clan entero. Pero son ya muchos días sin olerlos, sin que  vengan mis princesas y se enganchen a mi cintura en uno de esos abrazos en los que me inundo del olor a bebé de su pelito limpio, sin las conversaciones de cocina mientras preparo la cena y Carlos se encarama a su esquinita de la encimera y me cuenta sus batallas. Sin la copita de vino con mi vida cuando los enanos duermen y nos sentamos en los escalones de la terraza abrazaditos mientras el mundo se para durante dos minutos.
No, no estoy triste. En absoluto. Cómo va a estar triste alguien que tiene tanto!!!??? Pero los extraño. Y hoy, simplemente, me apetecía recordarlos en voz alta. Porque son mi motor. Mi energía. La parte más limpia, verdadera y preciosa de mi vida.
Me repito mucho pero gracias, gracias, gracias a quien quiera que sea donde quiera que esté. Por ponerme aquí en Akassato y dejarme embadurnar de tanta cosa buena; por haberme dado la inmensa fortuna de mi gran familia; por haberme hecho amiga de mis amigos y hermana de mis hermanos (mis amigos y mis hermanos, la otra gran parte fundamental de mi vida) Por enseñarme cada día la superación en Julie y en tantos otros Julies que tengo el gusto de encontrarme día tras día. Y, sobre todo, por tener la capacidad de amar y de valorar mi vida exactamente tal y como la amo y la valoro. Muchísimo!
Feliz fin de semana. Disfrutad de todo lo vuestro. Y hasta de lo mío si queréis! Hay pa todos!!! Gracias por estar.

lunes, 16 de julio de 2012

El patio de mi casa...


El patio de mi casa no es particular, aquí si llueve te mojas exactamente igual que en todos lados! Esta mañana, durante la pequeña pausa que hacemos en la obra, hablábamos de lo que suponía estar aquí, del tipo de experiencia que estábamos viviendo y analizábamos el hecho de que, de manos del azar, nos tocó un país calmado, tranquilo. Más aún la zona donde hemos venido a parar. En otros países africanos las familias se ven forzadas a abandonar sus casas y las cuatro pertenencias que tengan porque les amenaza una guerrilla o directamente les queman o arrasan sus casas. No es un bulo, no es algo con lo que se trafique en televisión para provocar sensiblería. Es algo que ocurre, que está ocurriendo en este preciso momento, a algunos cientos de kilómetros de aquí. Pero en este patio la lluvia no mata. Aquí unos se mojan más y otros menos. Y en mi afán por desterrar prejuicios esta noche quería presentarles a algunos de los vecinos que saltan en este patio donde cada tarde me embarro de arena y de vida.
En primer lugar os presento a Claudite (a la izquierda), Lydie (en el centro) y mi pequeño tesoro Thiéry. Pertenecen a una familia enorme! Son 14 hermanos porque su padre es polígamo y tiene un total de cinco esposas. Cuatro de sus hermanos mayores están ya casados y tienen, a su vez, hijos pero muchos de los otros diez viven juntos en una casita muy humilde frente al cole. Claudite y Lydie me están enseñando a hablar “fon” (uno de los dialectos que se habla por aquí) y, por cierto, mañana me harán un examen y yo aún no he estudiado!!! Hoy, gracias a sus clases, traigo loco al petit Thiéry porque aprendí a decir “kisinumí” que significa “dame un besito” y lo traigo chiflado toda la tarde abrazándoseme al cuello, cualquier día de estos me dirá en perfecto castellano “que te lo dé tu abuela!” pero hasta entonces seguiré poniendo en práctica mis conocimientos de fon. Tenéis que ver la alegría con la que entran por el cole todas las tardes; en serio, entran dando brincos! Las niñas son tan educadas, además de muy maduras, sobre todo la más pequeña… me tienen conquistada. Hoy me han pedido que les enseñe a hablar español en contrapartida a sus clases de fon… veremos en qué acaba esto!!!
Con todos vosotros una de las familias más encantadoras que hay por aquí (aunque he de confesar que es dificilísimo adivinar cuál es más encantadora) El hombrecito mayor es Parfait, su hermano Arnel, la niña más grande es Mourel y la pequeñaja que nos trae a todos locos es Sica. Estos niños son unos fuera de serie. También viven muy cerca del cole en unas casitas que están geniales, es como una pequeña comunidad de distintas familias donde cada casa está pegada a la otra en torno a un patio, como los antiguos patios de vecinos que había en nuestro país. Sus padres son profes los dos, de una escuela que está cerca de aquí. Podría hablar durante horas de ellos. Los chicos son tan cariñosos! Siempre nos buscan, nos hacen bromas, acceden a cada cosa que les pedimos, siempre con una sonrisa, siempre deseando jugar… Las niñas son dos futuras mujeronas impresionantes. Nos llama mucho la atención el carácter que tienen, de hecho la pequeña Sica te mira y reacciona como si de verdad estuviera entendiendo todo lo que le dices, le encanta ponerse perendengues de todos los colores encima, es muy presumida y siempre la tienen a la última, conjuntadísima (en este punto me veo obligada a poneros la foto de sus piesecitos que corren el riesgo de ser comidos en un ataque de amor por cualquiera de nosotros!! )
Mirad estas caras, por dios! Os parecen tristes o desanimadas? En absoluto!!! Pues así son todo el santo día! Estas tres bellezas son Elsie, Ornella y Bernice, que además tienen a un mini bombón como hermano llamado Anderson de dos añitos. Otras que tal bailan! Niñas con una educación impecable, colaboradoras a más no poder pero lo que más me gusta de ellas… divertidísimas! Las dos más pequeñas son un torrente continuo. No paran quietas, siempre necesitan hacer cosas para ellas o para los demás. La mayor es increíble ayudando a los más pequeñitos de la clase, siempre pendiente. Sus papás también son profesores en la escuela pública y viven aquí cerquita en nuestro barrio.
La familia de guapos por excelencia! De izquierda a derecha os presento a Dijirio, detrás de él su hermana Florida, delante la pequeña Bérenice y en la otra esquina el trastillo de Almérique (su cara lo dice todo!) Estos bombones viven justo enfrente del cole, su padre es un escultor muy conocido en Benín y la parte de fuera de su casa está llena de esculturas a medio terminar. El otro día su padre nos explicaba una de las esculturas que estaba terminando para colocarla en la plaza de un pueblo cercano en homenaje a la esclavitud que atizó al continente durante más de 400 años y que ellos jamás, y hacen bien, olvidan. Florida es muy muy tímida, a penas habla, sólo si no le queda más remedio y además lo hace muy bajito y tapándose la boca, Bérenice espera siempre en la esquinita de la casa a mediodía cuando volvemos andando a casa y viene corriendo como una bala a colgarse del cuello y a regalar besos por todos lados, Dijirio es un perfecto caballero, todo corrección y educación pero cuando se da la vuelta es como debe ser… un niño de 12 años que da collejas a sus amigos y mata por trincar el balón en el patio.
Por último os quiero presentar a alguien muy especial para nosotros. Es la niña de nuestros ojos, nuestra consentida… Se llama Cyrianne. Es nuestro angelito de la guarda particular. Hay días en los que se pasa por casa o por el cole por las mañanas sólo para decirnos hola. A mediodía viene a buscarnos y se va con nosotros en la “pica” al cole y a la salida también vuelve con nosotros y la invitamos a merendar y a pasar un ratito en la puerta donde nos desparramamos al final del día a echarnos unas merecidas risas mientras alucinamos con la puesta de sol. Cyrianne tiene 13 años y su vida no es fácil; vive sola con su madre porque sus hermanas mayores ya salieron de casa a buscar trabajo. Hay días en los que sólo puede hacer una comida diaria porque no hay para más. Pero eso no hace que se le borre de la cara la sempiterna sonrisa ni que pierda el brillo en esos ojos de almendra que tanto dicen sin hablar. De mayor quiere ser secretaria y por eso saca unas notas estupendas además de trabajar en casa para echar una mano a su madre. Ella será una de las niñas que dejemos becadas cuando nos vayamos para que el curso que viene siga sacando unas notas espectaculares a la salud de todos ustedes y no pierda de vista el camino hacia su futuro escritorio de secretaria. Sin duda la mejor y más noble que hayan dado las tierras beninesas.
Bueno, pues como veis, no es un patio particular. Cualquiera de estas maravillosas familias podría traducirse en cualquiera de las que conocemos en nuestro entorno. Niños. Pero además niños felices y, lo que me parece más significativo de todo, niños que valoran de una manera descomunal cualquier pequeño gesto, cualquier cosa que les des, que jamás tienen una mala respuesta, ni siquiera un “no” Niños que ya vienen con una educación desde la cuna, con un saber estar y con un arraigo a la familia que a mí me siguen dejando cada día con la boca abierta y la sonrisa pintada. Al fin y al cabo… niños. Fuente de vida, de cambio, de mejora, de futuro, de travesuras, de risas, de complicidad, de energía… Ellos no lo saben pero hoy por hoy son, además, los responsables de que nosotros cuatro seamos un poquito más felices, un poquito más completos y un muchísimo más agradecidos.
Me tengo que ir… les recuerdo que mañana tengo un examen de fon… 
   

sábado, 14 de julio de 2012

El sitio de mi recreo


Y hoy me acuerdo de Antonio Vega y de ese sitio donde me llevó la imaginación tantas veces y que, resulta que por obra y gracia de la suerte que tengo en esta vida, se ha materializado y es el sitio donde ahora vivo... 
Resulta que el sitio donde vivo no se parece en nada a ningún sitio donde haya vivido antes. Vivo en un pequeño barrio (Akassato) que pertenece a una gran ciudad (Cotonou) Esa ciudad es la capital financiera de un pequeño país africano llamado Benín. Su capital administrativa es Porto Novo, que está a unos 30 kilómetros de distancia y pegadita al mar. Cotonou es más “moderna” y tiene una vida más joven y más alegre que Porto Novo. Las calles de mi barrio son como pequeñas atracciones de feria. En Akassato sólo hay una carretera asfaltada que llega en línea recta hasta Cotonou, pero el resto de las calles son de tierra, con unos baches impresionantes que ponen a prueba tu capacidad craneal por la de petardazos que te metes en el coco a cada bache. Las casa que están más pegadas a esa carretera asfaltada son muy humildes, a penas construcciones de cemento en forma de habitación dentro de las que hace su vida entera una familia… o dos… o tres… A veces ni siquiera son de cemento, sino de tronquitos finos de madera donde las puertas se improvisan con telas, eso sí, de colores más que alegres. En el sitio donde vivo la basura se tira en cubos dentro de casa para luego vaciarla en la calle y más tarde quemarla para usarla como abono. Los chiquillos hacen sus necesidades en un rinconcito de la esquina de la casa, en la calle, porque sólo algunos tienen una letrina comunitaria en el jardín. De la misa forma llenan dos o tres baldes de agua y se lavan en la misma calle, delante de la puerta de casa o en un rincón del improvisado jardín. Aquí nadie se escandaliza. Bien mirado no hay de qué escandalizarse! Es naturaleza en estado puro. Me encanta mi barrio. Las casas que están más metidas hacia dentro son más grandes y es que aquí se construyen unos casalones gigantescos que no se encalan ni se pintan, ni llevan puertas ni ventanas, ni muebles, ni baño ni cocina… pero son gigantes y casi todas tienen un diseño colonial que quita el hipo. En ellas viven dos o más familias y es que en el sitio donde vivo, a pesar de no haber prácticamente familias polígamas tienen todas más de tres hijos.
Todas las mañanas salimos de casa a eso de las ocho menos poco (en mi barrio a los blancos se nos pegan las sábanas que da gusto!)y siempre hay gente en la calle; mujeres cargando cestas enormes a la cabeza, hombres en moto, niños que ya están pelando el maíz con sus madres sentados a la puerta de casa. Todo el mundo saluda. Todo el mundo sonríe al saludar. Y alguna que otra vez te cae un besito con olor a cereal molido. Cuando llegamos al cole dispuestos a lijar y a pintar ventanas (por un módico precio soy capaz de lijaros las de vuestro edificio entero en un tris!) los obreros que están levantando la parte nueva del cole (la escuela primaria) ya están ahí. No digo trabajando porque sería exagerar un poco. Me gusta el modus operandi; en la obra puede haber 20 personas, 3 trabajan y los otros 17 miran, charlan, animan al currante… Nadie se enfada, nadie dice al otro lo que tiene o no que hacer, aquí cada uno sabe dónde está su sitio. A las doce volvemos a casa a comer porque a las cuatro empiezan las clases. Estamos dando a los chicos talleres de informática, de inglés y de teatro y lectura. Todos los talleres cuestan unos 2.500 CFAS, que vienen a ser unos 4 euros. Algún alumno no puede hacer frente al gasto y en eso, entre otras cosas que ya os contaré más adelante, hemos invertido parte del dinero que nos habéis dado algunos de vosotros y les hemos pagado los talleres. Mientras los mayores van a clase los que no estamos dando en ese momento cuidamos de la guardería, donde vienen de manera absolutamente gratuíta todos los pequeñajos del barrio que quieran. Empezamos con siete u ocho… ya vamos casi por treinta! Son inagotables! Pero disfrutan tanto que uno se revienta a gusto. Cuando acaban las clases por la tarde es difícil que vuelvan a casa y cuando conseguimos que todos enfilen el camino y nos subimos a la furgoneta empieza el desfile de despedida; saludos, canciones, gritos, carreras detrás de la pickup… Esto es una fiesta continua!!!
Os sigo contando cosas del sitio donde vivo. Aquí las motos parece que se multiplican en cada esquina. Es rara la familia que no tenga una y, claro, como hay que amortizar el gasto la usan todos… a la misma vez!!! Hasta cuatro personas he llegado a contar subidos a una vespa!! Y no solo eso, son tan osados que llevan consigo colchones, cajas de naranjas, bidones de gasolina y antenas parabólicas. Sí mishijos… antenas parabólicas!! En el sitio donde vivo cuando vas a poner gasolina en la gasolinera el empleado se acerca son su mono gris con cremallera y con una pachorra tremenda te pregunta “qué querían?” Cuarto y mitad de chopped me dan a mí ganas de contestar! Pues qué vamos a querer? Gasolina! “Ah, no! Es que se acabó!” te dice el amable señor gastando cero coma uno de energía. Y entonces la opción alternativa es comprar la gasolina que venden en botellas de cristal sobre una mesa hecha con palos a los pies de la carretera. Adrenalina pura se respira en mi barrio!!!
En el sitio donde vivo las mujeres son guapas y presumidas y hay una peluquería prácticamente en cada esquina. Las niñas van peinadas con trenzas y abalorios y las mayores usan pelucas de cualquier tipo y color. Siempre van muy limpias, con trajes coloridos y chanclas a juego, todas llevan pendientes de oro o de plata y gargantillas y pulseras  y telas de colores atadas a la cabeza a modo de perifollos cuando van a misa. Siempre acompañan a sus hijos, cuando van a vender al mercado los sientan a sus pies en la arena del puesto y cuando pasean los llevan atados a la espalda o como un rebaño alrededor de ellas.
Para cualquiera de nosotros sería fácil caer en la tentación de interpretar todo lo que se ve (que se queda a una distancia infinita de lo que yo pueda contar aquí) como pobreza extrema, como miseria… Pero no es así. Hay pobreza, por supuesto que la hay… Pero aquí la vida se mide con una vara distinta. Un albañil cobra una media de 50.000 CFAS (unos 65 euros) al mes y con eso mantiene a su familia. Un profesor de universidad cobra 70 y pico mil CFAS,  haced las cuentas… Pero todos buscan trabajos alternativos, venden en el mercado, hacen cosas para traer más dinero a casa. Y casi todos comen, visten –bastante bien además- y hasta tienen su motillo para moverse.
Poco o nada se parece esto a nuestras ciudades. Aquí no hay parques, ni centros comerciales como los que conocemos nosotros. Aquí las familias no se van a pasar el domingo a la playa ni de pateo al monte (porque no hay monte, básicamente) pero sobre todo porque sus costumbres son otras. Diferentes. Igual de enriquecedoras o más que las nuestras. Diferentes. Aquí no hay tiendas de ropa ni grandes cadenas comerciales; los pequeños supermercados son impensables para la mayoría de la población y además de caros no tienen una oferta muy amplia en productos. A nuestros ojos, claro! Para ellos tienen todo y más de lo que precisan en su vida. Aquí los niños lo que quieren es ir a la escuela, no se paran a mirar en cómo o con qué. Muchos de nuestros alumnos (chicos) llevan mochilas requeteheredadas de color rosa y con dibujitos de Mickey o de Winnie de Pooh. No quiero ni pensar qué diría uno de los míos si le dijese que llevase los libros al cole en semejante artefacto… Culturas diferentes. Ni mejores ni peores. Sencilla y enriquecedoramente diferentes. Aquí los niños también sueñan con ser médicos, secretarias, maestros; las chicas y los chicos ligan y se mandan mensajes al móvil continuamente; las familias se ponen guapas los domingos para ir a misa y profesar su profunda creencia religiosa y el blanco… el blanco les estorba. Es una absoluta minoría (sirva como ejemplo que hoy, después de nueve días aquí,  he visto a los primeros blancos que no éramos nosotros en nuestro paseo a Portonovo)
Tendría un millón de cosas más que contar del sitio donde vivo pero me voy a quedar con esta hasta la próxima. En el sitio donde vivo atardece muy rápido y anochece muy pronto y a las siete de la tarde tienes que estar muy muy pendiente porque es seguro que el cielo africano te tiene preparado el regalo del día a modo de crepúsculo fascinante, lleno de colores, de matices, de los primeros sonidos de la noche, de los olores a tierra húmeda y de las despedidas en fon (el dialecto que habla todo el mundo excepto nosotros)

Está claro que el hogar de uno se forja allá donde uno sea feliz. Y aunque mi hogar está muy muy lejos de aquí y lo añoro cada minuto de cada día; a pesar de eso, sé que en otra vida pero en este mismo mundo mi hogar seguro que sería este. Mi barrio de Akassato. Ahora también un poquito el vuestro…

miércoles, 11 de julio de 2012

Un día cualquiera, no sabes qué hora es...

Rememorando esa canción de Nacha Pop que tanto me gusta y que estoy escuchando ahora mismo y que, además, me viene al pelo para introducir la reflexión de hoy... Es un tópico eso de que "aquí el tiempo se para" Yo no sé realmente si se para o va demasiado deprisa, lo cierto es que uno pierde la noción de ese tiempo. Ahora mismo estoy como en una burbuja. No hay tiempo físico para pensar en demasiadas cosas pero por otro lado analizas muy bien todo. Aquí me descubro de repente recordando mi vida en casa, mi día a día, mi familia, mi trabajo, mis amigos... Los traslado de un lado a otro continuamente. No comparo. Es absurdo e imposible, pero en gran parte soy lo que soy por las personas que conforman mi vida, así es que es imposible vivir esto sin tener su recuerdo presente todo el rato.
Mi sensación es la de que llevo aquí muchísimo tiempo, casi que esto forma parte de mi vida. Realmente sólo hace una semana que llegué. Ves? la relatividad del tiempo. Una semana es tiempo más que suficiente para que la vida de alguien se haga más grande, más densa, más rica... Qué digo una semana! Un minuto basta! (acabo de recordar el día que conocí a "marido"... unos minutos fueron suficientes para saber que era él  con quien caminaría al lado por los siglos de los siglos...) Pues sí. Aquí no hay tiempo. No hay días. Tengo que mirar cada día el calendario para ver qué clase toca porque no mido en qué día vivo. Y cada día es una cuna nueva de vivencias. Y todas son diferentes. Y en todas me acuerdo de alguien. Y cuando crees que no hay nada que te pueda hacer abrir más la boca y el alma... zas! ocurre algo nuevo.
Esta mañana Paco y yo nos fuimos de compras... Ay madre! qué aventura es conducir en Benín! Adrenalina pura! Me encanta! Parecía una niña chica subida en los cochitos locos (y no es una metáfora! lo de locos es absolutamente literal) Aquí no hay carriles, de repente mi mentalidad europea y yo vamos adelantando por la izquierda y te aparece de frente un tipo tirando de un carro lleno de papayas y por el carril de la derecha va una procesión apretujada de 3.675 motos, cada una con un mínimo de tres ocupantes y, muchos de ellos, con cestas cargadas a la cabeza... Uffff los malabaristas del circo del sol son unos pencos comparados con lo que una tiene que hacer pa no terminar estampada contra los moteros en trío y con la boca llena de papayas! En fin, llegamos, compramos, volvimos y todo ello con nuestras extremidades en su sitio y a pleno rendimiento. Y uno piensa que saltarse cuatro carriles sin una sola señal cuando tienes que girar a la izquierda de repente es misión imposible porque, o te llevan por delante, o te parten la cara, o te llaman de todo menos linda... pues fíjate que no. Resulta que mientras haces el giro acrobático entre los carros, las motos, los camiones y las papayas tú levantas la manita y sonríes así como Miss Teruel en la carroza de las fiestas y oye! que resulta que te dejan pasar, te devuelven el saludo y hasta la sonrisa!!! Siempre que me ocurren cosas así de este lado del mundo pienso... mierda de desarrollo el nuestro!!
Otra de las cosas que hoy me tiene hablando sola es el tema de los pequeños. Resulta que los niños africanos son muy muy independientes. Me refiero a que aprenden a valerse por sí mismos muy pronto. Llevo unos días observando a los más chiquininos; esta tarde un niño de un año!! se ha puesto él solito un pantalón corto, mientras estaba de pie y se ha calzado unas cholas de esas esclavas de las que llevamos a la playa; pero es que lo ha hecho a la primera y sin titubear. El enano, que se me agarró como un gancho desde que su padre me lo dejó y se fue, se hizo pipí encima porque esa es otra, claro.. aquí los peques no llevan pañal. O por lo menos a partir del añito o así, desde que las mamás se los descuelgan de las sacas donde los llevan cogidos a la espalda no hay pañales (además es que no hay pañales literalmente) Pero es que a partir de los dos añitos te piden ir a hacer pis ellos solos! Llevo un millón de años trabajando con niños. Te juro que jamás he visto pequeños con una destreza psicomotora tan tan tan bien definida.
Yo no sé cómo explicar la sensación de haber pasado esas horas con mi chiquitín en bracitos, absolutamente agarrado, escuchando su respiración de bebé (todos los bebés huelen igual! ese olor dulzón a bizcochito me estaba derritiendo) y si me lo separaba un poco del pecho miraba alrededor y lloraba de nuevo como diciendo quiero volverrrrr!!! Y por otro lado tenía a mi pequeño Thierry... Sí, lo admito, me ha ganado absolutamente. Thierry tiene dos añitos y debe estar malito de la tripa (a ver si consigo que lo vea un pediatra) porque no es normal el volumen de su vientre y la dureza tan brutal que tiene... Es una cosa de menos de un metrito de alto con unos ojos como dos almendras que siempre está muy muy serio salvo cuando lo miro y le sonrío que entonces hace que me derrita instantáneamente porque me enseña sus minidientecitos dentro de esa boca perfecta. Siempre que llego al cole está escondido detrás de su hermana mayor. Lo busco y veo su pancita que asoma por un lado del pareo de la niña, entonces le llamo y saca la carita todo serio y viene hacia mí tendiéndome la manita. Y c'est fini! porque es mi apéndice hasta que se vuelve a casa con su hermana.... Uffff es todo tan intenso. Sí, ya sé lo que muchos pensarán al leer esto. No son mis niños. Yo no soy su madre (ni lo pretendo!) ni su salvadora (no creo que haya que "salvarlos" de nada) Sé que muchos se preguntan que qué hago aquí y que si lo que hago va a cambiar o a mejorar la vida de estos niños... Pues lo que hago aquí es dar lo único que tengo en este momento; tiempo, amor, ganas, alegría, optimismo, caricias, dos manos para trabajar lijando, pintando y sembrando y que de esa manera se optimice un gasto que se puede cubrir con el trabajo gratuito. Qué se yo! Yo tengo mucho. Lo tengo todo. TODO. Soy incapaz de pedir una cosa más a la vida, salvo el poder quedarme como estoy y estoy absolutamente convencida de que esta vida nuestra es una cadena de favores. Y entonces cuando tienes tanto debes, obligatoriamente, dar un mucho a quienes lo necesiten. Y es que, además, eso te da el beneficio de la experiencia, de los momentos que estoy viviendo aquí, del amor incondicional del pequeño Thierry o de los besitos de Bérenice...
Es cierto, yo no voy ni quiero ni pretendo salvar a nadie pero si puedo hacer que la vida de los que me rodean (más lejos o más cerca) pueda ser sólo un poquito más agradable por mi culpa... entonces estaré cumpliendo la misión que creo que tengo en este mundo.






Y a ti que me lees, gracias por estar ahí y compartir este ratito conmigo, por ser parte de mí y por consiguiente, de todo esto.

lunes, 9 de julio de 2012

Y es que yo tengo una banda de Rock & Roll!

Como hacen las grandes bandas de música cuando llevan un par de temas cantados en un concierto, así mismo quiero hacer yo hoy y presentaros a mi grupo. Una banda de las grandes, llena de gente con coraje y ganas, dispuestos a marcar ritmos diferentes cada día, según se tercie. Esta mañana nos tocó empezar con un do mayor en clave de lija. Lijamos las ventanas de una clase entera y las pintamos… tranquilos! Sólo nos quedan quince clases más y darle la segunda mano de pintura a todas, además de las puertas de donde vivimos este mes y arreglar y sembrar el jardín del colegio!! Minucias…
Por la tarde nos tocó el segundo concierto. Ese lo empezamos en re menor, no podía ser de otra manera! Ninguno me pasa a penas de la cintura!!! Se inauguró la escuela de verano La Salle Akassato!!! Eso sí que fue rock duro, heavy metal más bien! Pero al final el pequeño público enfervorecido pedía otra y otra y otra y cual rockeros de camiseta mojada y en tirajas quedamos reventados por el suelo con las cuerdas vocales rotas y las púas a modo de piés destrozadas. Pero qué a gusto se queda uno tras un conciertazo eh!  Cuando te gusta de verdad sólo quieres volver a subir al escenario y dar todo a tu entregado público. Y nuestro público es realmente entregado! Así que mañana más y por supuesto mejor!!!
Y, llegados a este punto, me honro en presentarles al nutrido grupo que hace posible que una cada día se levante, se llene de energía y salga al escenario a darlo todo! 
 En primer lugar os presento al director de orquesta… Paco Martínez!!! (no, Soria no!) Un pivito de 83 años que guarda en esa cabeza una vida entera que ya quisiéramos muchos de nosotros, llena de vivencias, de experiencias, de dificultades, de alegrías, de logros… Un todoterreno capaz de pegarse un pateo de más de tres horas por el barrio con nosotros, que no se queja cuando tiene que levantarse a las dos de la mañana para llevar o recoger en el aeropuerto, que controla absolutamente todo lo que hay en la despensa, en la nevera, en el almacén y en el cielo si le dejan! Un hombre que siempre admite una broma, que sabe responder con picardía, que nos compra cervecitas y nos las enfría en la nevera. Un hombre como  pocos he conocido. Sólo puedo decir que yo de mayor quiero ser como él!
A continuación os presento al escudero fiel. El hermano Fransís (sí, éste va con “s” listillos!) Un chaval de 30 años simpático a reventar, al que le encanta un “Benín by nigth” y que ha prometido enseñarnos algún local divertido pero “decente” –según sus propias palabras- este próximo fin de semana. El año que viene entrará en la Universidad a estudiar hispánicas y decidieron enviarlo este mes con nosotros para que se fuera poniendo al día en nuestra lengua. Por ahora nos da mil vueltas a todos y cada noche repite con parsimonia y cara de pillo “me ancanta la mantequiiii-ia” (se le resiste la ll)
Para seguir el orden de los locales os presento ahora al dios africano que nos da de comer a mediodía y por la noche. Pacome! No, no es que esté “pacomérselo” –aunque alguna opine que sí- es que se llama así el muchacho. Por lo visto trabajó de cocinero en un hotel un tiempo y hace unas virguerías con dos lechugas y unos tomates que ríete de Arguiñano!! Tiene unos brazos enorrrrrrmes, yo empiezo a creer que es sólo porque los usa como almirez… uf qué caló! (mi amor, no pienses nada raro, es calor de verdad, nada que ver con el cocinero feo y enclenque eh! Que yo sólo tengo ojitos pa ti!!)
Y continuamos con las presentaciones!!! Al teclado tenemos al Macho Alfa de la manada… Raúl. Un madrileño con el que te tiras al suelo de la risa cuando le das una cámara de vídeo. Hombre sosegado, prudente, servicial, educado a más no poder pero con una gracia y un arte para meter la palabra precisa en el momento oportuno que le hacen único.  Raúl es informático y hoy ha aprendido que no puede ir a pintar un colegio con una camisa de manga larga, por poco le perdemos en su propio charco…
Haciendo los coros y las danzas tenemos a Almudena, la Kuki. Otra madrileña como el teclas. Yo aún no la he visto seria… Siempre siempre siempre tiene una sonrisa, una palabra de cariño para los niños, una broma para los demás. Baila genial y se pasa el día canturreando. Almu acaba de terminar turismo, habla cinco idiomas diferentes y se ha recorrido ya medio mundo con sólo 22 (iba a decir añitos, pero en su caso…) añazos. Una niña con la cabeza muy bien puesta, con una madurez nada común para su edad. Un gustazo tenerla en el grupo.
Marcando el compás tenemos a la Menchu, más conocida como Nievesramos. Yo creo que aprendió a tocar las castañuelas con la boca porque no para, siempre está de ánimo, siempre liándola, siempre con su risotada que lo llena todo. Además hacía tiempo que no la veía con tanta marcha en el cuerpo y eso me encanta pero prometo vigilarla de cerca porque pa mí que esta no se está untando el antimosquitos en la piel sino en la tostada de las mañanas!!! Que nooooo, que está feliz como un niño; cuando ve las cosas por primera vez le alucinan y le maravillan, pero es que cuando las vuelve a ver por segunda y por tercera le vuelven a maravillar de nuevo como la primera. Fuera de serie!
En fin… qué les parece la banda donde toco? Nos queda aún poco menos de un mes de gira y, de verdad, lo siento por vosotros porque una vez finalizada la gira africana el grupo se disuelve; no más contratos… Así que aprovechen y disfruten de este grupazo el tiempo que puedan, aunque sea en la distancia valdrá la pena saber de ellos, escucharles, verles en acción. Se los digo yo que les tengo cerquita y les disfruto cada día. En lo que nos quede de temporada afinaremos cada día más y mejor, compartiremos y discutiremos partituras, ensayaremos lo que haga falta. Porque este público de aquí se merece lo mejor, lo más, se lo merece todo. De hecho han pagado una entrada muy cara ya. Lo menos que podemos hacer es ponernos a su absoluto servicio para que disfruten hasta el último segundo en el que podamos seguir tocando para ellos.

Y ahora, con vuestro permiso, me retiro a la caravana. Debo afinar la percusión para mañana.

sábado, 7 de julio de 2012

Sólo una sonrisa...


Esta mañana visitamos un hospital, queríamos mostrarle a un médico que conocía Paco unas semillas que Raúl ha traído de una planta que reduce los síntomas de la malaria. Cuando salíamos del hospital en el coche nos decía adiós de lejos un jardinero (aquí todo el mundo saluda siempre) y nos quedamos comentando entre nosotros la sonrisa tan abierta y tan franca que tenía ese hombre. Y es que si hay algo que desde siempre me ha llamado la atención de los africanos es su predisposición a sonreír, a disfrutar, a cantar, a bailar, a saludar, a invitarte a un arroz con cordero en su casa aunque tengan a veinte más a comer a la misma mesa (mientras haya alimento no habrá hambre…) Lo poco o lo mucho que en las ocasiones que he tenido he podido conocer del africano es que tienen una predisposición natural al optimismo (y decir eso del continente más empobrecido del planeta es algo impactante) Quiero decir, que mis ojos occidentalizados no ven muchas veces lo que ellos ven, no aprecian lo que ellos aprecian. Y eso me da rabia… Porque otro gallo nos cantaría si nos africanizásemos un poquito… o no? Por supuesto habrá de todo, como en botica, que las discriminaciones positivas a mí me revientan, pero como dicen los sevillanos “lo que éh, éh! “ y cuando uno mira las cosas a través de una sonrisa todo lo que venga detrás es, por lo menos, un poco más llevadero.  Aquí te das cuenta de tantas cosas… Hay dos niños trabajando en una huerta aquí enfrente. No más de diez años, cada uno con un azadón en la mano y unas cholas en los pies. Trabajan porque están de vacaciones escolares y yo imagino que echarán una mano en casa… Igualito que las mías, que cuando quieren coger la azada pequeña en casa para remover los parterres les leo veinte cartillas y les exijo guantes y botas rígidas! Aquí la gasolina se vende en puestecitos callejeros de madera, un tenderete hecho con cuatro palos y botellas de cristal llenas de gasolina; los puestos las mayoría de las veces regentados por niños. No pasa nada, no es abuso… para ellos es lo normal. La familia entera vive y come de eso así que todos a una a atender el puesto de “essence” Y nosotros en casa entramos a la gasolinera y poco más que te ponen una mascarilla en la cara… móvil apagado, luces apagadas, motor apagado… que el mundo se pare que la gasolinera puede explotar!!!! Lo que yo digo siempre… ni calvo ni con tres pelucas!
El hospital de esta mañana parecía un parque. Había enfermos, había médicos, había niños malitos con tiritas en los brazos… pero había gente sentada conversando, niños jugando en el jardín, los enfermeros te saludaban de lejos mientras empujaban el carrito de las gasas… Definitivamente esto es otro mundo! Ni mejor ni peor… otro mundo con un poquito menos de suerte en según qué cosas.
Y, por supuesto, estas cosas obligatoriamente te hacen pensar. Me hacen pensar. Los millones de cosas que uno compra sin necesidad, la cantidad de pegas que ponemos a cosas que realmente son fantásticas si las miramos detenidamente, lo sanos que estamos y la facilidad para que nos atiendan en caso de que no lo estuviésemos, la de recursos que tenemos en la escuela y podemos ofrecer a los pequeños. Lo fácil que lo tenemos casi todo. No es demagogia, prometo que no lo es aunque pueda parecerlo… Es, simplemente, un acto de reflexión en voz alta. Un acto de admiración por tantos valores absolutos que estoy teniendo la suerte de encontrar aquí. Una gratitud a los cuatro vientos a mi familia y a mis amigos por hacer mi vida tan fácil, tan cómoda, tan llena de amor, tan entretenida y tan interesante… Qué suerte poder agradecer desde aquí todo lo que me dais desde ahí!!!